Habia una vez (es así como se inician los cuentos, aunque en esta ocasión les relataré algo que nada tiene que ver con ellos) conocí a un señor, un auténtico señor, se llamaba ALFREDO FINOCCHI de profesión músico, era más veterano y hasta podría haber sido mi padre dada la diferencia de edad...Recuerdo una noche de verano, alla lejos y hace tiempo, ingresé como todas las noches a mi lugar de trabajo; era una boite, en épocas que todas tenían una muy buena orquesta además de un excelente espectáculo revisteril, y ví sobre el escenario a un pianista que desconocia. Fui al camarín de los músicos a dejar alguna de mis pertenencias y ponerme el saco con el que actuaba en la jazz, en ese momento estaba tocando la típica, en el trayecto le pregunte a unos de mis compañeros: ¿quien es el pianista de cambio?, a lo que me contesto, "un tal Finocchi"...llegó el momento en que teníamos que hacer nuestra aparición y al subír a la pequeña plataforma que servía de escenario saludé a los compañeros, luego me arrime al piano y le dije timidamente: "hola maestro buenas noches", a la vez que le entregaba una carpeta que contenía las partituras musicales de todos los temas que por entonces cantaba (repertorio melódico), debo confesar que pensé: "veremos como me acompaña este fulano, tango toca bien pero otros ritmos!!!. Mingo Martino, el baterista del grupo, marco con los palillos y comenzó a sonar la música, en este caso un bolero de Chico Novarro titulado "La Torre" a medida que lo cantaba me di cuenta que el tal Finocchi era un pianista (como dicen los españoles) "de la ostia"....pasaban las noches y el trato era más amigable y comprendi que no solamente era un gran profesional, sino también, una maravillosa persona con la que llegue a tener una hermosa amistad...aún lo recuerdo sentado frente al piano, algo gordo, con su traje impecable acompañado de una buena corbata, ¿quizá de seda?, mientras que la tenue luz del velador que se apoyaba sobre el atríl alumbraba su cara de tipo bonachón, bien peinado a la gomina, mientras que sus robustas manos se deslizaban sobre el viejo teclado. Los caminos de la música nos llevaron luego por diferentes caminos y nunca más lo vi. Hasta que cierto día conozco a Eduardo Finocchi y entre charla y charla me enteré que era hijo de ese pianista con el que compartí mágicas noches...este es hombre de la fotografía vastamente conocido como "Fino", y ese dicho: "de tal palo tal astilla" se dió, el popular "Fino" sigue siendo hoy un gran amigo, poseedor de una hermosa familia, entre la que se cuenta "Tato Finocchi" gran músico que heredo el talento de su padre.....Es por ello que hoy quise recordar no sólo a "Fino", sino a un apellido de gente honesta y trabajadora que siempre está atenta a los requerimientos de los demás....de allí el titulo de la nota: "UN FINO QUE ES UN GROSSO"
La Plata, Buenos Aires, Argentina,



